Los centros de datos se han convertido en una pieza central de la expansión tecnológica, pero la idea de tener uno cerca de casa convence cada vez menos en Estados Unidos. El 60 % de los adultos se sentiría poco o nada cómodo con una nueva instalación en su zona, según una encuesta de Pew Research Center publicada el 22 de septiembre.
El estudio recoge percepciones, no una medición del daño de cada proyecto. Esa diferencia importa: revela el clima social con el que se encuentran estas infraestructuras, pero no permite afirmar que todas suban la factura eléctrica o perjudiquen del mismo modo a sus vecinos.
La preocupación por la energía y el entorno ha crecido
En la comparación de Pew, quienes consideran que los centros de datos son principalmente perjudiciales para el medioambiente pasan del 39 % en enero al 54 %. Para el coste de la energía doméstica, la proporción sube del 38 % al 50 %. Y para la calidad de vida en las zonas próximas, del 30 % al 49 %.
El empleo y los ingresos fiscales ofrecen un panorama menos uniforme: hay grupos de tamaño parecido que esperan efectos positivos y negativos. Esa división explica por qué la conversación local puede ser bastante más compleja que una disputa entre estar a favor o en contra de la tecnología.

Qué mide exactamente la encuesta
La investigación se realizó entre el 20 de julio y el 9 de agosto de 2026 con 10.548 adultos de Estados Unidos. Según la metodología publicada, los participantes pertenecen al American Trends Panel, construido mediante selección probabilística. Las respuestas se ponderan para representar a la población adulta del país.
La recogida combinó internet y teléfono, en inglés y español. El margen de error de la muestra completa es de aproximadamente 1,3 puntos porcentuales. Ese margen describe incertidumbre estadística; no convierte una opinión sobre la electricidad en una estimación del precio que pagará un hogar.
Tampoco es una encuesta española. Para conocer cómo se recibe un centro de datos en una localidad concreta harían falta datos de ese territorio, de su proyecto y de sus habitantes. Extrapolar directamente el 60 % a España borraría diferencias de regulación, redes eléctricas y condiciones económicas.
Por qué un edificio de servidores acaba siendo un asunto de barrio
La Agencia Internacional de la Energía estimó que los centros de datos consumieron unos 415 TWh en 2024, alrededor del 1,5 % de la electricidad mundial. En su informe de 2025 proyectó aproximadamente 945 TWh para 2030 en el escenario central. La segunda cifra es una proyección, no consumo ya observado.
El informe explica que la concentración geográfica de las instalaciones puede dificultar la planificación de las redes. El porcentaje mundial no dice por sí solo cuánta capacidad queda disponible en una subestación concreta. La IA impulsa parte del crecimiento, junto a otras actividades digitales: no todos los servidores se dedican a entrenar o ejecutar modelos.

Las preguntas que hacen útil el debate
Para valorar un proyecto merece la pena bajar del anuncio de inversión a sus condiciones. ¿Qué obras de conexión necesita? ¿Quién paga las ampliaciones de red? ¿Cuántos empleos serán de construcción y cuántos permanecerán una vez abierto? ¿Qué consumos, ruido y medidas de refrigeración prevé la instalación?
Son preguntas para revisar documentos y compromisos locales, no respuestas que puedan deducirse de esta encuesta. Dos proyectos de tamaño parecido pueden tener efectos diferentes por su ubicación, la infraestructura disponible y los acuerdos que los acompañan.
También conviene distinguir una promesa empresarial de una obligación verificable. Un ayuntamiento y sus vecinos necesitan saber qué se puede comprobar después de la inauguración: puestos de trabajo, aportación fiscal, cumplimiento ambiental y costes asumidos por cada parte.
Los resultados de Pew ponen sobre la mesa una dificultad para la industria: el entusiasmo por nuevos servicios de IA no asegura aceptación de sus instalaciones físicas. La comunidad puede querer mejores herramientas y, a la vez, exigir explicaciones sobre qué gana y qué costes asume cuando los servidores llegan a su calle.
Portada: Sala de servidores del KTH, Estocolmo, 2010. Johan Fredriksson · CC BY-SA 3.0. Licencia.
